El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) ha publicado recientemente el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de octubre, el cual registró una inflación del 2,7%. Este porcentaje refleja una continuidad en la desaceleración inflacionaria observada en los últimos meses en Argentina. Sin embargo, desde la Cámara de Supermercadistas de Rosario (Casar), su presidente, Sergio Casinerio, sostiene que esta baja de precios no se traduce en un repunte del consumo, y advierte sobre la necesidad de incrementar los ingresos de la población para que el impacto en los bolsillos realmente se sienta.
En declaraciones para el programa Radiópolis de Radio 2, Casinerio explicó que, si bien se evidencia una estabilización de precios en los supermercados con “pequeñas correcciones”, la baja en la inflación por sí sola no implica una recuperación en el poder adquisitivo. “Hace falta que la gente tenga una actualización de salarios, porque la baja de inflación no quiere decir que le dé mayor poder adquisitivo”, enfatizó Casinerio, remarcando que el incremento en los ingresos es una condición necesaria para lograr que el consumo repunte de manera significativa.
Estancamiento de los Precios y Cambios en el Consumo
Los datos de Casar reflejan que, en los últimos meses, no se han registrado subas notables en los precios de muchos productos de primera necesidad. Sin embargo, esto no implica que los consumidores retornen a los mismos hábitos de compra de meses anteriores. Casinerio señaló que ciertos productos, especialmente los de mayor costo, se han vuelto prácticamente inalcanzables para un gran número de consumidores y han desaparecido del radar de compra. “Vemos bebidas alcohólicas, productos importados o enlatados, que ya no se consumen pese a que no hayan aumentado o tengan una pequeña baja. La realidad es que quedaron altos y la gente fue descubriendo otros tipos de alimentos”, comentó.
Esta situación es el reflejo de un cambio en el comportamiento de compra de los consumidores, quienes, ante los elevados precios que se experimentaron a comienzos de año, han comenzado a buscar alternativas más económicas. Este ajuste en el gasto ha llevado a los consumidores a adaptar sus patrones de consumo a productos más accesibles y a explorar nuevas opciones en el mercado.
Segundas Marcas y Cambios en el Consumo de Alimentos
Casinerio destacó que uno de los efectos más visibles de la inflación sostenida ha sido la transición de los consumidores hacia segundas marcas, que, en muchos casos, ofrecen productos de calidad comparable a un precio menor. Según el representante de Casar, esta búsqueda por opciones más económicas ha motivado a la gente a descubrir que “segundas marcas no es segunda calidad”, lo cual ha redefinido los hábitos de consumo en la región.
En este sentido, los consumidores han comenzado a realizar cambios en sus preferencias de compra, optando por carnes más económicas como la de cerdo, que puede costar hasta un 30% menos que la carne de vaca, o por el pollo. Además, productos básicos como las harinas, pastas y fideos han tenido un leve descenso en su consumo, aunque siguen siendo alternativas populares dentro del contexto económico actual.
Impacto en la Industria Alimentaria y Perspectivas Futuras
La persistencia de un consumo moderado, aun cuando los precios parecen estar estabilizándose, sugiere que la situación económica en Argentina enfrenta desafíos complejos. La baja en la inflación es sin duda una señal positiva, pero no garantiza una recuperación económica sólida si no se acompaña de un incremento en los salarios y un refuerzo del poder adquisitivo de los trabajadores.
Los supermercados y comercios minoristas, que han percibido este cambio de tendencia, deberán adaptarse a las nuevas preferencias de consumo y ofrecer productos que se ajusten a los presupuestos actuales. La apuesta por segundas marcas, así como la oferta de productos básicos a precios competitivos, podría ser una estrategia clave para fidelizar a los clientes en un entorno de bajo consumo.
La situación también plantea un desafío para la industria alimentaria en general, que deberá encontrar el equilibrio entre mantener márgenes de ganancia sostenibles y ofrecer precios accesibles para el consumidor. Sin una mejora en el poder adquisitivo y una reactivación del consumo, el mercado se mantendrá restringido, y la desaceleración de la inflación no se reflejará en un alivio concreto para la economía familiar.