Agustín de la Encina, un joven rosarino de 26 años, fallece este lunes en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca) tras una brutal pelea con otros internos en la Unidad Penitenciaria Nº 11 de Piñero. Este episodio pone fin a una trayectoria marcada por el narcotráfico, la violencia y el crimen organizado, una historia que comenzó con delitos menores y terminó con su implicación en redes de narcotráfico de alta complejidad.
De la Encina había ingresado al penal de Piñero en mayo de 2024, después de un traslado desde la cárcel de Coronda, donde cumplía condena por tráfico de drogas. Sin embargo, su estadía en prisión lejos de frenar sus actividades ilícitas, las potenció. En los últimos meses, su nombre figuró en investigaciones por tráfico de cocaína a gran escala y en un intento de asesinato que expuso las conexiones entre las organizaciones delictivas de Rosario y Buenos Aires.
El Crimen en Piñero
El joven murió producto de múltiples heridas de arma blanca en lo que, según las primeras investigaciones, fue una gresca con otros reclusos. La fiscal de Homicidios Dolosos, María de los Ángeles Granato, avanza con medidas investigativas que incluyen el secuestro de teléfonos celulares de tres agentes penitenciarios, en busca de pistas sobre el contexto del asesinato.
El violento desenlace tiene lugar en un pabellón de alta seguridad, lo que pone bajo la lupa las condiciones de custodia y las fallas en los controles dentro del sistema penitenciario.
De Dealer a Capo en la Cárcel
El ascenso de De la Encina en el submundo del narcotráfico fue meteórico. Detenido en 2021 con 700 gramos de cocaína en un departamento céntrico de Rosario, inicialmente enfrentaba una causa menor. Sin embargo, dentro de la prisión, no solo mantuvo sus operaciones, sino que las expandió. Según escuchas judicializadas, usaba dinero y contactos para ganar privilegios, mientras estudiaba Derecho como una aparente estrategia para mejorar su imagen.
A mediados de 2023, su situación procesal cambió drásticamente. Fue acusado de ser el instigador del intento de asesinato de Maia, una joven que había exigido el pago de una deuda por drogas. La víctima sobrevivió milagrosamente a dos ataques: el primero ocurrió mientras paseaba a su perro y el segundo, en un encuentro pactado en la ruta 34. Las pruebas recolectadas, incluyendo testimonios y análisis de antenas telefónicas, vincularon a De la Encina con el intento de homicidio desde su celda en Coronda.
El Operativo «Jackpot» y los 32 Kilos de Cocaína
En 2024, De la Encina fue señalado como pieza clave en una red de narcotráfico encabezada por Yanina Alvarado, hermana del conocido capo narco Esteban Lindor Alvarado. Una operación de la Policía Federal en julio resultó en la incautación de 32 kilos de cocaína en la ruta nacional 9, cerca de San Pedro.
La droga estaba oculta en taxis y vehículos particulares, un método que ya había sido detectado en operativos previos. El allanamiento de la celda de De la Encina en Coronda reveló conversaciones con Alvarado que databan de dos años atrás, donde se evidenciaban transferencias de dinero y coordinación de operaciones.
Los investigadores descubrieron que la organización empleaba taxis, remises truchos y hasta operaciones cambiarias en el mercado informal de Rosario para financiar y mover grandes volúmenes de droga. De la Encina, pese a estar tras las rejas, seguía manejando la logística de estos envíos.
Una Red de Delincuentes en Expansión
El caso también involucró a otros actores, como Ayelén Alarcón, sindicada como la «encargada extramuros» de los negocios de De la Encina, y dos hermanos taxistas que transportaban el cargamento de cocaína. Estas detenciones reflejan una estructura organizada que abarcaba desde el transporte hasta la distribución en el mercado local.
Yanina Alvarado, quien cumplía prisión domiciliaria, seguía ejerciendo un rol central en las operaciones de la red. Su vínculo con De la Encina y otros miembros de la banda se consolidó a través de comunicaciones telefónicas y transacciones financieras.
Un Final Marcado por la Violencia
La muerte de Agustín de la Encina cierra un capítulo oscuro de la historia delictiva en Rosario. Este caso no solo refleja el impacto del narcotráfico en la región, sino también las graves falencias del sistema penitenciario, que parece ser un escenario más para el crimen organizado.
Mientras la fiscalía avanza en la investigación, la tragedia de este joven pone nuevamente en el centro del debate la necesidad de reformas profundas para combatir el narcotráfico y garantizar la seguridad tanto dentro como fuera de las cárceles.